Road worker safety campaign (3)

Acabada la operación retorno de Semana Santa comparto algunas reflexiones sobre la educación en seguridad vial.

Cada vez más nos planificamos mejor para no volver a última hora y tener que pasar gran parte de nuestro retorno metidos en nuestros coches, con ganas de volver a casa, acumulando estrés, los críos preguntando desde el momento de salir si “falta mucho” y la pareja haciendo de GPS recordándonos lo mal que nos planificamos o cada uno de los errores que cometemos en la conducción, sobretodo el de “no ves que no respetas la distancia de seguridad” o el tan típico “ya te dije que era por allí”!

A pesar de todos los inconvenientes que se pueden presentar en el momento de verse metido en una operación retorno mal planificada, yo prefiero sacarle algo de partido a ese tiempo que estamos con la familia, un tiempo en el que podemos invertir en el futuro de la siniestralidad. ¿Cómo? Educando. ¿A quién? Podemos empezar a educar a nuestros propios hijos. Muchos de los que hemos salido de Semana Santa a pasar unos días fuera, lo hemos hecho con la familia. Para nuestros hijos, y lo vivo cada día, los padres somos “intocables”, somos “los mejores” y somos sus “superhéroes”.

Una de las mejores cosas que podemos hacer por ellos no tiene que ver con lo económico sino con los valores como personas y la educación vial que todos deberíamos saber y que poco a poco podemos ir transfiriendo con mensajes claros y concisos a nuestros pequeños.

Deberíamos aprovechar los momentos “del vehículo” para empezar a educarlos desde bien pequeños en las buenas conductas al volante. Les podemos hacer responsables de que cuando suban al vehículo, sean los guardianes de la seguridad dentro del mismo. Para los niños no hay como hacerles ver que están haciendo algo importante para que lo hagan de forma eficiente y con una motivación intrínseca que muchos ya hemos perdido. Pero quizá sean nuestros hijos también los que nos ayuden a cambiar la forma de entender el tráfico y cambiar nuestra conducta al volante ya que son implacables ante los errores, ante las normas establecidas por los padres y se sienten poderosos al “ser guardianes de la verdad”.

Siempre que estamos en familia deberíamos invertir en el futuro de nuestros hijos y creo sinceramente que el coche es uno de los elementos más importantes porque es donde podemos ser sinceros tanto con ellos como con nosotros mismos. Cuando les decimos a ellos por dónde se debe cruzar o porqué un coche no está adelantando bien, no solamente les estamos educando sino que nos estamos sincerando con nuestra propia forma de actuar ante el volante y a buen seguro recordaremos ese momento durante un tiempo, un tiempo en el que puede que si no actuamos de forma adecuada en la conducción de un vehículo, sintamos que estamos, o bien defraudándonos a nosotros mismos o lo que es peor, las enseñanzas que hemos querido transmitir a nuestros hijos para el día de mañana, que a bien seguro copiarán porque se lo ha dicho su superhéroe, pero que su “superhéroe” no hace cuando ellos no están presentes.

Seamos consecuentes con nuestros hijos, con el futuro de la sociedad y sobre todo, con nosotros mismos. En la conducción, sé prudente y transmite lo que sabes a los que más te quieren para que el día de mañana ellos sean conductores responsables y empáticos con los demás. Es una fórmula de éxito para disminuir más las tasas de accidentalidad vial a través del recordatorio y la transmisión de conocimientos a nuestros pequeños.

UNA BUENA PREVENCIÓN EMPIEZA POR UNA BUENA EDUCACIÓN.

Por Javier Romero